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Authors: Antonio Buero Vallejo

Tags: #Teatro

Historia de una escalera (9 page)

BOOK: Historia de una escalera
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Urbano.
— ¡Sí! ¡Hasta para los zánganos y cobardes como tú!

(
Carmina,
la
madre, sale al descansillo después de escuchar un segundo e interviene. El altercado crece en violencia hasta su final.
)

Carmina.
— ¡Eso! ¡Un cobarde! ¡Eso es lo que has sido siempre! ¡Un gandul y un cobarde!

Urbano.
— ¡Tú, cállate!

Carmina.
— ¡No quiero! Tenía que decírselo. (
A
Fernando
.) ¡Has sido un cobarde toda tu vida! Lo has sido para las cosas más insignificantes… y para las más importantes. (
Lacrimosa.
) ¡Te asustaste como una gallina cuando hacía falta ser un gallo con cresta y espolones!

Urbano
.—(Furioso.
) ¡Métete para adentro!

Carmina.
— ¡No quiero! (
A
Fernando
.) Y tu hijo es como tú: un cobarde, un vago y un embustero. Nunca se casará con mi hija, ¿entiendes?

(
Se detiene, jadeante.
)

Fernando.
— Ya procuraré yo que no haga esa tontería.

Urbano.
— Para vosotros no sería una tontería, porque ella vale mil veces más que él.

Fernando.
— Es tu opinión de padre. Muy respetable. (
Se abre el II y aparece
Elvira
, que escucha y los contempla.
) Pero Carmina es de la pasta de su familia. Es como Rosita…

Urbano.
— (
Que se acerca a él rojo de rabia.
) Te voy a…

(
Su mujer le sujeta.
)

Fernando.
— ¡Sí! ¡A tirar por el hueco de la escalera! Es tu amenaza favorita. Otra de las cosas que no has sido capaz de hacer con nadie.

Elvira.
—(Avanzando.) ¿Por
qué te avienes a discutir con semejante gentuza? (
Fernando, Hijo,
y
Manolín
, ocupan la puerta y presencian la escena con disgustado asombro.
) Vete a lo tuyo.

Carmina.
— ¡Una gentuza a la que no tiene usted derecho a hablar!

Elvira.
— Y no la hablo.

Carmina.
— ¡Debería darle vergüenza! ¡Porque usted tiene la culpa de todo esto!

Elvira.
— ¿Yo?

Carmina.
— Sí, usted, que ha sido siempre una zalamera y una entrometida…

Elvira.
— ¿Y usted qué ha sido? ¡Una mosquita muerta! Pero le salió mal la combinación.

Fernando.
— (
A su mujer.
) Estáis diciendo muchas tonterías…

(
Carmina, Hija; Paca, rosa
y
Trini
se
agolpan en su puerta.
)

Elvira.
— ¡Tú te callas! (
A
Carmina
, por
Fernando.
) ¿Cree usted que se lo quité? ¡Se lo regalaría de buena gana!

Fernando.
— ¡Elvira, cállate! ¡Es vergonzoso!

Urbano.
— (
A su mujer.
) ¡Carmina, no discutas eso!

Elvira.
— (
Sin atender a su marido.
) Fue usted, que nunca supo retener a nadie, que no ha sido capaz de conmover a nadie… ni de conmoverse.

Carmina.
— ¡Usted, en cambio, se conmovió a tiempo! ¡Por eso se lo llevó!

Elvira.
— ¡Cállese! ¡No tiene derecho a hablar! Ni usted ni nadie de su familia puede rozarse con personas decentes. Paca ha sido toda su vida una murmuradora… y una consentidora. (
A
Urbano
.) ¡Cómo usted! Consentidores de los caprichos de Rosita… ¡Una cualquiera!

Rosa.
— ¡Deslenguada! ¡Víbora!

(Se
abalanza y la agarra del pelo. Todos vocean.
Carmina
pretende pegar a
Elvira. Urbano
trata de separarlas.
Fernando
su
jeta a su mujer. Entre los dos consiguen separarlas a medias.
Fernando, Hijo
, con el asco y la amargura pintados en su faz, avanza despacio por detrás del grupo y baja los escalones, sin dejar de mirar, tanteando la pared a sus espaldas. Con desesperada actitud sigue escuchando desde el «casinillo» la disputa de los mayores.
)

Fernando.
— ¡Basta! ¡Basta ya!

Urbano.
— (
A los suyos.
) ¡Adentro todos!

Rosa.
— (
A
Elvira
.) ¡Si yo me junté con Pepe y me salió mal, usted cazó a Fernando!

Elvira.
— ¡Yo no he cazado a nadie!

Rosa.
— ¡A Fernando!

Carmina.
— ¡Sí! ¡A Fernando!

Rosa.
— Y le ha durado. Pero es tan chulo como Pepe.

Fernando.
— ¿Cómo?

Urbano.
— (
Enfrentándose con él.
) ¡Claro que sí! ¡En eso llevan razón! Has sido un cazador de dotes. En el fondo, igual que Pepe. ¡Peor! ¡Porque tú has sabido nadar y guardar la ropa!

Fernando.
— ¡No te parto la cabeza porque…!

(
Las mujeres los sujetan ahora.
)

Urbano.
— ¡Porque no puedes! ¡Porque no te atreves! ¡Pero a tu niño se la partiré yo como le vea rondar a Carmina!

Paca.
— ¡Eso! ¡A limpiarse de mi nieta!

Urbano.
— (
Con grandes voces.
) ¡Y se acabó! ¡Adentro todos!

(
Los empuja rudamente.
)

Rosa.
— (
Antes de entrar, a
Elvira
.) ¡Pécora!

Carmina.
— (
Lo mismo.
) ¡Enredadora!

Elvira.
— ¡Escandalosas! ¡Ordinarias!

(
Urbano
logra hacer entrar a los suyos y cierra con un tremendo portazo.
)

Fernando.
— (
A
Elvira
y
Manolín
.) ¡Vosotros, para dentro también!

Elvira.
— (
Después de considerarle un momento con desprecio.
) ¡Y tú a lo tuyo, que ni para eso vales!

(
Su marido la mira violento. Ella mete a
Manolín
de un empujón y cierra también con un portazo.
Fernando
baja tembloroso la escalera, con la lentitud de un vencido. Su hijo,
Fernando
, le ve cruzar y desaparecer con una mirada de espanto. La escalera queda en silencio.
Fernando, Hijo
, oculta la cabeza entre las manos. Pausa larga.
Carmina, Hija
, sale con mucho sigilo de su casa y cierra la puerta sin ruido. Su cara no está menos descompuesta que la de
Fernando.
Mira
por el hueco y después fija su vista, con ansiedad, en la esquina del «casinillo». Baja tímidamente unos peldaños, sin dejar de mirar.
Fernando
la siente y se asoma.
)

Fernando, Hijo.
— ¡Carmina! (
Aunque esperaba su presencia, ella no puede reprimir un suspiro de susto. Se miran un momento y en seguida ella baja corriendo y se arroja en sus brazos.
) ¡Carmina!…

Carmina, Hija.
— ¡Fernando! Ya ves… Ya ves que no puede ser.

Fernando, Hijo.
— ¡Sí puede ser! No te dejes vencer por su sordidez. ¿Qué puede haber de común entre ellos y nosotros? ¡Nada! Ellos son viejos y torpes. No comprenden… Yo lucharé para vencer. Lucharé por ti y por mí. Pero tienes que ayudarme, Carmina. Tienes que confiar en mí y en nuestro cariño.

Carmina, Hija.
— ¡No podré!

Fernando, Hijo.
— Podrás. Podrás… porque yo te lo pido. Tenemos que ser más fuertes que nuestros padres. Ellos se han dejado vencer por la vida. Han pasado treinta años subiendo y bajando esta escalera… Haciéndose cada día más mezquinos y más vulgares. Pero nosotros no nos dejaremos vencer por este ambiente. ¡No! Porque nos marcharemos de aquí. Nos apoyaremos el uno en el otro. Me ayudarás a subir, a dejar para siempre esta casa miserable, estas broncas constantes, estas estrecheces. Me ayudarás, ¿verdad? Dime que sí, por favor. ¡Dímelo!

Carmina, Hija.
— ¡Te necesito, Fernando! ¡No me dejes!

Fernando, Hijo.
— ¡Pequeña! (
Quedan un momento abrazados. Después, él la lleva al primer escalón y la sienta junto a la pared, sentándose a su lado. Se cogen las manos y se miran arrobados.
) Carmina, voy a empezar en seguida a trabajar por ti. ¡Tengo muchos proyectos! (
Carmina
,
la madre, sale de su casa con expresión inquieta y los divisa, entre disgustada y angustiada. Ellos no se dan cuenta.
) Saldré de aquí. Dejaré a mis padres. No los quiero. Y te salvaré a ti. Vendrás conmigo. Abandonaremos este nido de rencores y de brutalidad.

Carmina, Hija.
— ¡Fernando!

(
Fernando
, el padre, que sube la escalera, se detiene, estupefacto, al entrar en escena.
)

Fernando, Hijo.
— Sí, Carmina. Aquí sólo hay brutalidad e incomprensión para nosotros. Escúchame. Si tu cariño no me falta, emprenderé muchas cosas. Primero me haré aparejador. ¡No es difícil! En unos años me haré un buen aparejador. Ganaré mucho dinero y me solicitarán todas las empresas constructoras. Para entonces ya estaremos casados… Tendremos nuestro hogar, alegre y limpio…, lejos de aquí. Pero no dejaré de estudiar por eso. ¡No, no, Carmina! Entonces me haré ingeniero. Seré el mejor ingeniero del país y tú serás mi adorada mujercita…

Carmina, Hija.
— ¡Fernando! ¡Qué felicidad!… ¡Qué felicidad!

Fernando, Hijo.
— ¡Carmina!

(
Se contemplan extasiados, próximos a besarse. Los padres se miran y vuelven a observarlos. Se miran de nuevo, largamente. Sus miradas, cargadas de una infinita melancolía, se cruzan sobre el hueco de la escalera sin rozar el grupo ilusionado de los hijos.
)

TELÓN

ANTONIO BUERO VALLEJO, nació en Guadalajara en 1916 y murió en Madrid en 2000. En 1933 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, pero su vocación pictórica fue cortada por la guerra civil de 1936-1939. Dedicado a la soledad, al pensamiento y a la lectura durante muchos años, afloró su vena dramática para bien de las letras españolas. Introvertido y de poderosa inteligencia, Buero Vallejo es un magnífico lector, alerta y profundo, a cuya curiosidad nada es ajeno. Su tema y problema es el de la desvalida criatura humana en un tiempo crítico: el hombre en busca de la libertad por caminos de conocimiento y amor. Buero Vallejo ha sabido igualar vida y pensamiento, conducta y prédica. De su lucidez y de su ejemplaridad, de su trabajo, ha surgido el teatro de más altura, tensión y trascendencia de la posguerra española. Con Historia de una escalera, hito en la recuperación teatral de España, ganó en 1949 el premio Lope de Vega. En 1972 ingresó en la Real Academia Española. En 1986 recibió el premio Cervantes y en 1996 en Nacional de las Letras, siendo la primera vez que este premio se concede a un autor exclusivamente dramático.

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